La aventura emprendedora de los Queseros de Villalonso

Avenida de los Queseros Villalonso

La aventura emprendedora de los Queseros de Villalonso

Villalonso es cuna pionera de emprendedores. Gracias a la acertada interpretación de los signos de los tiempos, pasó del comercio a la industria. La falta de matanzas acabó con el tradicional negocio de las tripas secas para embutidos y los antiguos triperos se convirtieron en fabricantes artesanos de queso. Con ocasión de un congreso de Turismo, un grupo de periodistas, visitamos la quesería más moderna de España, instalada en Trujillo; mientras degustábamos las especialidades de la casa, el director nos ofreció interesantes detalles sobre el nuevo sistema francés de fabricación; gratamente sorprendido le oí decir que «los de Villalonso son los que mejor han entendido los secretos del queso». Tan bien lo entendieron -digo yo- que pronto modernizaron sus procedimientos artesanales y acreditaron marcas llamadas a participar como «invitadas especiales», en ferias y concursos. Pienso que en el proyectado museo del queso debe reservarse un lugar, suficiente y destacado, a las redondas etiquetas de las diferentes marcas; compondrían una sorprendente y lucida estampa acreditativa de la importancia de la empresa descomunal y en cierto modo comunitaria de todo un pueblo, perfeccionada por incontables hazañas dignas de ser contadas.

La localidad de Villalonso, es conocida por ser la «cuna del queso de media Castilla», pues desde aquí partieron multitud de queseros que se instalaron en el resto de la región y de España.

El espectacular éxito de los queseros de Villalonso alcanzó resonancias nacionales. A causa del «boom» del queso, ya nunca más fueron conocidos con el remoquete de triperos mis paisanos. El cambio de negocio supuso un doloroso trauma para Villalonso: el tripero, terminada la campaña anual, regresaba puntualmente; el quesero se fue con su familia y los bártulos del oficio y nunca más regresó; no había emigrado en busca de trabajo sino como industrial emprendedor dispuesto a fomentar la prosperidad en otros pagos. En la localidad donde instaló la fábrica artesanal, edificó su casa y le nacieron los hijos; algunos, los más afortunados, compraron grandes fincas y explotaron granjas; otros ensayaron con éxito lucrativas industrias; todos acreditaron fidelidad al compromiso con el progreso de su nueva patria chica, en la que se habían incardinado con admirable naturalidad. Por eso se ha dicho con razón que Villalonso imprime un especial carácter de universalidad a sus hijos, que en ningún lugar del ancho mundo se sienten forasteros. La diáspora de los queseros y sus familias redujo el censo en proporción ciertamente alarmante. Es indudable que Villalonso se desangró en su épica aventura. Bien merece que, al menos, se la recuerde.

Extracto de un artículo de Rufo Gamazo Rico extraído del periódico La Opinión de Zamora

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